Soy Adriana, hija de Carlos y Yolanda, la tercera de seis hermanos. Mis papás siempre fueron muy esforzados y, hoy por hoy, les reconozco que, aparte de darme la formación, el estudio, un techo y el alimento diario, lo principal que cultivaron en mí fue el amor a la familia.

La familia tiene que estar siempre en las buenas y en las malas, apoyarse y motivarse, correr cuando a alguno le pasa algo, llorar cuando alguien sufre y compartir maravillosas e inolvidables historias.

Leía en estos días un libro muy interesante sobre risoterapia y me encontré mencionados algunos hábitos de las personas que son más felices. Quiero compartirlos entre vos y yo, porque estoy segura de que nos pueden servir a todos para tener familias más sanas y unidas, si todos nos comprometemos a tener como principal meta la felicidad. Según la psicóloga positivista Sonja Lyubomirsky, las personas felices:

  1. Manifiestan su gratitud, porque cuando uno aprecia lo que tiene, esto gana en valor. Seamos agradecidos y valoremos la familia que Dios nos dio.
  2. Siempre cultivan el optimismo. No importa cuál sea la situación, siempre hay que ser positivo. En las familias esto es clave para superar las diferencias y los momentos difíciles.
  3. Evitan las comparaciones con otros. Nadie debe sentirse ni mejor ni peor que otros. Esto lo relaciono mucho con la familia, porque no tenemos que comparar nuestro núcleo familiar con otras. No veamos con envidia o desprecio a otras familias, porque no tenemos idea de cómo nos ven ellas a nosotros también. Se me viene a la mente la serie “Los locos Adams”, ¿se acuerdan ustedes? Ellos veían como “anormales” a todas las demás familias, pero nunca se dieron cuenta que los diferentes eran ellos.
  4. Son amables. ¡Ciertísimo! Ayudar a otros de manera desinteresada es una forma poderosa de sentirnos bien. Aquí el punto es que, si somos amables en la calle, ¿por qué muchas veces no lo somos en el ambiente familiar?
  5. Albergar sentimientos de odio o enojo son nefastos en toda persona. En la familia, especialmente, debemos aceptarnos y perdonar los errores y fallas. Ninguno de nosotros es perfecto. Ninguno.
  6. ¡Saborean las alegrías de la vida! Las cosas más sencillas pueden ser las más gratificantes, si recordamos disfrutarlas al máximo, y a la familia hay que dedicarle tiempo de calidad, para reírnos mucho, para compartir momentos de pura felicidad.

Todos estos puntos son claves, pues las personas que son felices con la familia que tienen desarrollan una mayor inteligencia emocional para la toma de decisiones, porque tienen confianza y seguridad.

Desde que nacemos, en la familia se nos ama, nos cuidan, nos apoyan, educan y fortalecen. Por eso, no olvidemos de dónde venimos, porque esto marcará siempre hacia dónde vamos.

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