Para mí, la palabra “familia” es la más grande muestra de amor que podemos tener. Yo vengo de una tradicional familia cartaginesa, donde tuvimos muchas carencias económicas, pero nunca carencias afectivas ni de formación. Con rigurosidad, pero mucho amor, mis padres sacaron adelante a seis muchachones; hoy todos profesionales y siempre muy unidos.

No obstante, llega el momento en que a todos nos toca la responsabilidad de formar nuestra propia familia. La mía empezó cuando yo era muy joven, a mis 20 años, y la maternidad me sorprendió. Desde el primer momento yo entendí que mi hijo y yo ya éramos una familia dentro de otra. Luego me casé, llegaron mis otros hijos y, años después, me tuve que divorciar, y fue ahí cuando entendí que no importa donde yo esté, ni lo que me suceda, mi familia siempre estará donde estén las personas más importantes de mi vida.

Por eso, cuando yo muera quiero que mis hijos tengan muchos recuerdos de mí, que no precisen fechas, pero sí momentos alegres y muestras de amor inolvidables; que recuerden un chiste malo mío, como yo recordaré sus deliciosas risas. Que no olviden mi abrazo fuerte y eterno en momentos de dolor o duda, como yo recordaré lo que a ellos les hizo llorar y cómo lo superamos.

Espero que les hablen a sus hijos mucho de mí, que fui buena, divertida, esforzada, cariñosa, estricta pero amorosa, que siempre tuve tiempo para hacerlos felices, que siempre estuve ahí en sus momentos importantes. Que nunca estuve primero, siempre fueron ellos.

Cuántas veces regresé cansada, enojada, frustrada del trabajo y tan solo una sonrisa, tan solo un abrazo, me hacía olvidar lo malo o difícil del día. Lo curioso es que, sin darme cuenta, se convirtieron en hombres que sobrepasan y, por mucho, mi tamaño. La dulce voz ahora dio paso a una grave y fuerte, los brazos delgados ahora son robustos y duros, los besos y cariños ahora los comparto con quienes hacen suspirar sus corazones.

Antes, en un momento de susto, el rincón más seguro era hundirse en mi pecho; ahí todo se olvidaba y era la mejor medicina. Ahora soy yo la que busco el abrazo de mis hijos para sentir su calor y seguridad.

Antes, lo que mamá decía era la gran verdad y el mundo era yo. Ahora son ellos los que me enseñan, discuten y me comparten sobre su visión de mundo y misión de vida. Y sí, tal vez no hice todo lo que quise en mi juventud por empezar mi labor de madre muy joven, pero he tenido como premio muchos más TE AMO de los que hubiera imaginado.

Este mes celebramos el Día Internacional de la Familia y, entre vos y yo, te invito a reflexionar y dar gracias por la familia de la que venimos y por la que tenemos, la que la vida nos da e inclusive la familia escogida, como los mejores amigos que nos acompañan en las buenas, pero, especialmente, en las difíciles.

Mis hijos y yo no somos una familia perfecta, pero somos y seremos siempre una familia unida.

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6 comentarios

  1. La familia es nuestra mejor medicina para todo, su amor incondicional, abrazos sinceros, lágrimas del corazón, momentos inolvidables tanto buenos como no tan buenos; nos permiten comprender, aprender y valorar. Las familias no son perfectas, no existe la familia perfecta… lo perfecto es encontrar lo perfecto en nuestras personas imperfectas ❤️ “el amor”

  2. Así debe ser cada familia. Disfrutando cada instante, diciendo “te amo”, coleccionando experiencias. Gracias a Dios por nuestras familias imperfectas…pero unidas.

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