Qué gran ilusión sentíamos los niños a la espera de que fuera 14 de setiembre, para asistir al desfile de faroles y ¡jamás comprar uno hecho!, los hacíamos nosotros mismos con tarros de pintura, pedazos de madera, cartón fuerte, cajas de leche, con lo que fuera y un “cabito” de candela.

Yo admiraba los originales en forma de carreta, volcán, casa típica, paloma de la paz, etc., y a mí con costos me salía algo híbrido con barbitas en papel china mal pegadas y papel celofán, pero era mi farol; lo lucía con orgullo y lo cuidaba con recelo de los terribles que andaban quemando los faroles de los demás (con el mío no lo lograron). ¿Te acordás del tuyo?, ¿viviste esa experiencia?

La famosa tradición del desfile de faroles tiene una historia muy linda que no se debe olvidar y que te resumo acá.

Todo empezó una noche del mes de setiembre de 1821, cuando a Gabino Gaínza (jefe político de Guatemala) le notificaron sobre la independencia de los ayuntamientos de Chiapas (que pertenecían al Reino de Guatemala), ocurrida el 8 de setiembre, y el plan de unirse a México.

En esa notificación, le decían a Gaínza que hiciera lo mismo, y él convocó a reunión a los miembros de la Diputación Provincial, a las autoridades eclesiásticas, militares y civiles el 14 de setiembre. El pueblo no se presentó para participar; más bien, se pusieron de acuerdo para recorrer los caminos frente al Palacio de Gobierno, y mientras se ponían de acuerdo entre abogar por la independencia absoluta de España o no hacerlo y consultar a las otras provincias, fueron pasando las horas hasta que se hizo de noche.

Cuando cayó la noche, poco a poco, la calle se fue iluminando con faroles, los cuales se hicieron acompañar de música y bombetas para así continuar la vigilia a la espera de la independencia y, con esos faroles, iluminamos hasta la fecha de decisión de ser independientes.

La espera concluyó con la esperada firma del Acta de Independencia, al día siguiente, el 15 de setiembre de 1821, que puso fin a 300 años de gobierno español. Las noticias tardaron en llegar, pero las provincias de Nicaragua y Costa Rica se sumaron a la independencia el 11 de octubre de 1821 y el 29 de octubre se firmó en Cartago el Acta de Independencia de Costa Rica.

La costumbre de iluminar las calles cada 14 de setiembre fue esporádica y casual hasta los años 50, cuando se convirtió en una tradición que no debe desaparecer.

Digo esto porque a mí me entristece ver cada vez menos niños con sus faroles en la calle la noche antes de celebrar nuestra independencia, ¡y ya no los hacen! Es más fácil comprarlos hechos, pero hoy, con este recuerdo de la historia que nos permite ser libres, quiero motivarlos a repasar nuestras tradiciones y no dejarlas morir.

Que la luz de los humildes faroles que hicieron vigilia esa noche del 14 de setiembre de 1821 y que nos permite ser un pueblo libre y soberano siga iluminando nuestra rica historia y recordándonos el orgullos de ser costarricenses.

Fuente histórica: Cultura y tradiciones de Costa Rica.

 

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