Como aquí se trata de que nos digamos las cosas con sinceridad, entre vos y yo, te voy a confesar uno de mis grandes miedos en la vida: envejecer.

Recuerdo lo mucho que lloré cuando cumplí 15 años, porque ya me sentía “vieja”; o cuando llegué a los 18 y significaba que ya no era menor de edad, que me convertía en adulta; o cuando cumplí 30 y sentía que la vida corría demasiado rápido y me faltaban muchas cosas por vivir y hacer, y ya no había marcha atrás.

Un día me percaté que, así como el pintor inspirado hace con su brocha extraordinarios trazos en un lienzo, así Dios empezó a pintar las hermosas canas que cubren las cabezas de las dos personas que me dieron la vida, mis padres, y entendí que la vida me permitía acompañarlos en este proceso y aprender de ellos cómo valorar la vejez.

Creo que Dios ha sido muy bueno conmigo, porque me permite tener a mis padres aún con vida. Con 78, mi papá, Carlos Durán, y con casi 75, mi madre, Yolanda Rodríguez. Me cuesta creer que el tiempo haya pasado tan rápido y que ahora sean parte de una población de adultos mayores activos y con ganas de seguir viviendo, aunque con una fuerza y una perspectiva diferente.

Por eso, les pedí que con sus propias palabras me describieran cómo se siente un adulto mayor, qué es lo difícil y cómo quisieran que los recuerden sus hijos y nietos. Aquí sus respuestas.

Lo bueno. “En esta etapa, en casi todos los lugares, recibimos trato especial, consideraciones y atenciones.  Además, se convive más con la pareja, los hijos ya se han ido, hay menos compromisos y responsabilidades y más tiempo para ver películas, caminar y conversar. Todas esas cosas de las que nos privamos la mayor parte de la vida”.

Lo difícil. “Difícil y complicado es que empiezan a aparecer las enfermedades o limitaciones que, en algunos casos, obligan a las personas a depender de otros. Es inevitable, nos volvemos más lentos, y en la parte emocional nos cuesta asimilar que ya no podemos hacer todo como antes, eso cuesta mucho aceptarlo”.

¿Sienten miedo de envejecer cada vez más?

No. Uno entiende con los años que no hay que sentir miedo, hay que verlo como una de las etapas de la vida que no todos llegan a vivir; por tanto, es un privilegio. En el caso de nosotros dos, no tenemos miedo porque ahorramos, nos preparamos y, por eso, contamos con lo básico que necesitamos para vivir tranquilos. Vivimos cerca de los médicos y del lugar donde asistimos a las prácticas religiosas, contamos con nuestra casa propia y una pensión que nos permite vivir bien. Lo que hemos construido nos da seguridad y nos quita el miedo”.

Mensaje a los hijos

“A mis hijos yo les diría que no se preocupen tanto, que es una edad linda, que se comparte con los verdaderos amigos, aunque ya muchos se han ido (esa parte sí es triste). No nos invitan a muchas fiestas, pero las pocas reuniones que aparecen las disfrutamos mucho. Ojalá que ellos, nuestros hijos, puedan llegar a estas alturas de la vida y con la misma convicción y paz que nosotros”.

Mensaje a los nietos

“A mis 15 nietos y, de momento, una bisnieta, que sean muy felices, que disfruten cada etapa, que no “corran” con querer ser grandes y que vivan fabricando el futuro con estabilidad emocional y económica (lo necesario para que puedan cubrir lo que se necesite en la vejez, como medicamentos y asistencia médica), y que si de algo les sirven los ejemplos de los “más viejitos”, que no duden en tomarlos, porque los adultos mayores no solo están para consentir, ellos transmiten muchos valores importantes en la vida”.

¿Cambia la forma de ver la vida?

“Sí. La vida sí se ve diferente, se ve con más paz, criterio y entendimiento; ya no nos asustamos de las cosas, las reflexionamos. Valoramos mucho lo que tuvimos en la juventud y sobre todo ahora, que vemos cambios drásticos en la sociedad y en las familias.

Siempre Dios ha estado presente en nuestras vidas y, por eso, queremos recordarles a nuestros hijos y nietos que sin la fe no se puede hacer nada. No podemos obligarlos a seguir nuestras creencias, pero sí a entender que hay valores que no son negociables y que siempre valores como el amor, tolerancia, unión y esperanza deben privar en cada momento de nuestra vida”.

¿Necesitan algo más para ser más felices?

“En general (y creemos que a nombre de todos los adultos mayores), les pedimos que por favor no olviden tratarnos con respeto, darnos nuestro espacio y tener las  consideraciones necesarias de nuestra edad, pero no limitar nuestra libertad. Déjennos tomar nuestras propias decisiones, porque siempre lo hemos hecho y queremos que siga siendo así y, por favor, nunca vean a sus adultos mayores como personas inútiles que ya no pueden hacer muchas cosas, sino como personas con mucha experiencia, que pueden y quieren compartirla con las personas que aman”.

Carlos Durán y Yolanda Rodríguez.

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