Yo no he pasado por una o dos… han sido tres adolescencias con mis hijos mayores y ahora estoy por empezar la cuarta con mi hijo menor. Y sí, no ha sido fácil, pero quiero compartir algunas cosas que he aprendido de estas experiencias, para quienes están pasando o van a pasar pronto junto a sus hijos esta singular etapa. Espero que sean útiles y sirvan como motivación.

  1. No tomen nada personal. Es lo primero que les digo a mis amigas para que no sufran más de la cuenta en esta etapa con sus hijos. Lo que digan y hagan no lo hacen para mortificar, herir o lastimar a sus padres. Por más duro que sea lo que dicen, se debe pensar que en la adolescencia muchas veces actúan y dicen cosas por impulsividad y confusión. Eso sí, en el momento en que “bajen las aguas”, hay que hablar con ellos y recordarles que el respeto no se puede perder y que todo tiene una consecuencia.

 

  1. Ellos son los importantes. Yo sé lo que es sentirse a veces frustrada por no saber cómo tratarlos y ayudarlos, por querer acompañarlos más y que ellos más bien quieran estar solos o “en su mundo”. Nos da mucho miedo que sean tentados a hacer cosas “por experimentar”, las cuales sabemos que son un gran riesgo.

 

Sí, vivimos en medio de temores, pero no olvidemos que ellos son los que están atravesando por una etapa de cambios físicos y emocionales muy fuertes y somos nosotros quienes tenemos que apoyar y respaldar.

 

No creo que sea oportuno orientar y acompañar como militares, a punta de órdenes intransigentes y castigos. Debemos recordar que, aunque parezca lo contrario, nos necesitan como el roble del que se pueden sostener, no el roble que se va a atravesar y los va a frenar.

 

  1. Los hijos no pueden estar encerrados en una burbuja, pero LAS REGLAS DEBEN SER FIRMES.

Ningún padre puede pretender que sus hijos pasen “escondidos” en su casa toda la vida; deben salir, deben vivir, pero con reglas firmes y consecuencias si esas reglas se rompen.

Desde que son preadolescentes debemos hacer ese listado de permisos y situaciones que pueden llegar a pasar y que el mismo niño/muchacho ponga, en conjunto con sus padres, las posibles consecuencias.

Ejemplo:

– Definimos hora de llegada (de una fiesta, por ejemplo).

Consecuencia: Si llegó más tarde de esa hora, no hay un nuevo permiso de salir con los amigos hasta dentro de un mes (y lo más importante como padres es que lo debemos hacer cumplir).

  1. La adolescencia pasa, el amor permanece. Pase lo que pase, no olvidemos que somos una familia, nos amamos y debemos permanecer juntos. Vemos casi con “terror” esta etapa, pero es necesaria para su crecimiento, y bien orientada, les dará las herramientas para convertirse en personas adultas fuertes y seguras.
  2. Siempre se les debe recordar lo importantes que son. Lo que los valoramos, sus cualidades, sus fortalezas. Seamos parte de sus vidas, no los dejemos solos y acompañémoslos, aunque ellos no quieran. Todo pasa, pero el amor debe prevalecer y ser lo más importante siempre.

El adolescente tal vez ahora no entienda, nosotros sí.

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